lunes, 1 de diciembre de 2014

Presentación Revista Nº 8 Las direcciones y la gestión de la convivencia

Las direcciones y la gestión de la convivencia Por Nélida Zaitegi y Alejandro Campo



Una de las funciones de la escuela, es, entre otras, educar para la democracia y el ejercicio responsable de la ciudadanía y se canaliza mediante el desarrollo de las capacidades, habilidades, actitudes y disposiciones para una convivencia, “un vivir con otras personas”, asentado en la solidaridad, la participación y el respeto, entre otros valores. Esta función democratizadora de la escuela cruza transversalmente y compromete todos y cada uno de los procesos escolares, incluyendo el sistema de relaciones que en ellos se teje, los procesos curriculares que se implementan y las estructuras de poder que se ponen en marcha. Por ello las direcciones escolares tienen la importante función de orquestar de modo coherente todo ese entramado de interacciones. 

El entendimiento limitado de la convivencia escolar que insistía en la centralidad del control y la sanción se está abriendo a modos positivos de convivencia que influyen en el logro individual y colectivo. Este entendimiento más ajustado de la convivencia se articula a través de dimensiones claves, que se reflejan reiteradamente en los artículos y experiencias de este número de CONVIVES. 

Dos de estas dimensiones, las expectativas y la consistencia, se relacionan con el modo en que el profesorado trabaja para construir y sostener un marco que guíe las conductas y los aprendizajes. Por una parte, la convivencia no puede separarse del resto de aspectos que afectan a la escolarización. Muchos problemas que se manifiestan como problemas de orden y disciplina tienen su raíz en el ciclo maligno que se perpetúa: bajas expectativas, escaso estímulo y motivación, falta de rendimiento crónico, bajas expectativas... Por otra, la importancia de hacer explícitos los valores que sustentan la actuación colectiva se materializa en que la comunidad escolar tiene referentes estables para su desarrollo. El éxito o fracaso a nivel escolar no se juega a título individual sino en la actuación conjuntada y coherente de todo el profesorado. Podemos verlo con detenimiento en los artículos de A. Bolívar e Iñaki Carnicero. 

Otras dos dimensiones, el diálogo y la implicación, afectan al modo en que el profesorado intenta motivar al alumnado y establecer con ellos un sistema de relaciones diferente. El diálogo nos obliga permanentemente a ponernos en la piel de la otra persona, a apreciar sus puntos de vista, a reconocer sus intereses. Por otra parte, incrementar el sentido de pertenencia al centro y de propiedad de la actividad escolar por parte del alumnado le permite ganar confianza en sus propias posibilidades, planificar mejor sus esfuerzos y alcanzar en definitiva un mejor rendimiento. A todos nos gusta tomar parte y tener algo que decir en aquello que ocupa nuestras vidas como queda recogido en las aportaciones de R. Ortega y A. Campo. 

Por último la consideración positiva, el respeto mutuo, que cada uno de los actores - profesorado, alumnado, familias y el resto de la comunidad - tiene hacia sí mismo y hacia las demás personas. Construir relaciones estables de consideración mutua y colaboración es un esfuerzo que se extiende beneficiosamente a todos los ámbitos de la actividad escolar, como nos demuestran las experiencias del IES Elisa y Luis Villamil de Vegadeo y el IEL Carlos Casares de Viana de Bolo, de la Escola La Maquinista de Barcelona y las del IES Xulián Magariñio de Negreira y de la Escola Teresa Altet de Rubí, estas últimas en la web. 

Todas estas aportaciones se completan con reseñas de libros de interés, una webgrafía y la entrevista con Carol Dweck. Esperamos que tanto el conjunto como las aportaciones individuales sean de interés y de utilidad para los lectores de CONVIVES. 

El progreso en la convivencia, como en otros aspectos de la escolarización, es dificultoso y está condicionado por el clima y el contexto en que actuamos. Pero el hecho de que muchas comunidades escolares estén haciendo progresos, aún en circunstancias difíciles, deja espacio para el optimismo.

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